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26 Enero 2022 / Por Vanessa Romero Rocha

EL GRITO PROHIBIDO POR LA FIFA

LA POLICÍA DEL LENGUAJE

La Federación Mexicana de Futbol (FMF) —e indirectamente, los aficionados del juego— han sido sancionados nuevamente por gritar puto en el estadio. Aquel grito que, en los partidos del Tri, y no solo del Tri, nuestra afición dirige al portero del equipo contrario al despejar. Una afrenta verbal, propia de cualquier enfrentamiento entre rivales, que inicia al sostener por algunos segundos la locución “eee” y es finalmente liberada al tiempo que el odiado guardameta, aquel que intenta impedir nuestro gol —nuestra victoria—, despeja. Ustedes me dirán si la aversión es irracional. Si hemos sido mal educados con el enemigo.

La sanción impuesta por la FIFA a la FMF por el grito que —según lo que nos dicen— no hace sino evidenciar nuestro odio hacía los integrantes de la comunidad LGBTIQ+, impedirá que la selección juegue los dos siguientes partidos con afición en el Estadio Azteca. Y no se trata de dos encuentros menores, sino de dos partidos de la cerrada eliminatoria de la CONCACAF para el Mundial del 2022 en Qatar. Además, la sanción incluye dos polizones, una multa de más de dos millones de pesos y un recordatorio: por esto podríamos perder nuestro lugar en el Mundial.

Aquí cuestionaré los pilares sobre los cuales la FIFA fundamenta su sanción. Sostengo que la Federación Internacional ha explorado poco (si acaso) nuestras razones para emitir el grito prohibido y lo que intentamos transmitir. ¿Mi hipótesis? O la FIFA no entiende el espectáculo que fomenta, o sus posicionadores de marca están haciendo un extraordinario trabajo. Aquí problematizo sobre su legitimidad, autoridad y coherencia para sancionarnos. ¿Quién nombró a la FIFA como autoridad moral o policía del lenguaje? ¿Quién le pidió que nos corrija la mala educación?

La FIFA, un organismo históricamente poco interesado en proteger los derechos de minorías, hoy sanciona fuertemente a México en una aparente ¿alianza con la comunidad LGBTIQ+? Sin embargo, ¿no está acaso la FIFA vistiendo de pride al elefante rosa en medio de la habitación? ¿Tan grandota y usando derechos LGBTIQ+ como estrategia política? Un ente que en su pasado (y presente) ignoró graves violaciones a derechos humanos de trabajadores migrantes, derechos laborales de jugadores, derechos salariales de jugadoras y expresiones de odio en estadios, hoy sanciona —desproporcionadamente— a México por acusaciones con poco sustento.

¿A quién sancionó la FIFA cuando le lanzaron un plátano a Dani Alves durante aquel partido Barcelona-Villareal? A nadie. ¿Qué no fue la FIFA —aquella autoridad que otorga el Premio a la Diversidad—quien sigue haciendo oídos sordos a los escándalos de esclavitud y muerte en la construcción de estadios en Qatar? ¿Qué no le entregó la FIFA (a billetazos) el mundial 2022 a un país que condena la homosexualidad? Blatter, su otrora jefe, recomendaba —entre carcajadas— a los integrantes de la comunidad abstenerse de tener actividad sexual durante su visita al país árabe. Sea cual sea el resultado de nuestro análisis de proporcionalidad respecto a la sanción impuesta a la FMF, cabe reconocer que la conducta de la FIFA es sospechosa, contradictoria, inusual, ruidosa. Un gran acto publicitario.

Hoy, los argumentos que la FIFA y los detractores del grito prohibido asumen como correctos son dos, ambos cuestionables, un castillo de naipes: que el grito es homófobo y que busca excluir a la comunidad LGBTIQ+ del juego.

La Federación Internacional considera que nuestra afición usa la palabra puto de forma homófoba. A nivel local no falta quien apoye esta visión. La CONAPRED, allá por el 2014, refiriéndose al protocolo contra el racismo promovido por la FIFA, analizó lo que significa — así, atemporalmente— aquella palabra. Derivado de su análisis, concluyó que “esta expresión transmite desprecio y rechazo”, que es “una forma de equiparar a los rivales con mujeres y un montón de ideas inconexas adicionales que terminan por decepcionar al lector con la frase “el futbol se gana con goles, no con discriminación”. Este y muchos otros sinsentidos se han dicho respecto al grito sin tomar en consideración la evolución del significado de la palabra. Pa´ pronto: se niega que el lenguaje pueda ser un fenómeno vivo y cambiante.

Hágame usted el favor, amable lector, de trasladarse mentalmente de su sofá al campo de juego, al estadio. Recuerde los cantos, los gritos, las porras que forman parte indispensable del espectáculo. Recordará que existen muchos símbolos de apoyo a su equipo que no son precisamente amistosos. Incluso la palabra culero —que quizás haya cantado usted en alguna ocasión— significa cobarde. No he leído a la CONAPRED o a la FIFA pronunciarse al respecto. Tampoco ante la asimilación del equipo contrario a putas de cabaret. La FIFA, además de corrupta, parece ser selectiva: putas sí, putos jamás.

Recordemos que esta no es la primera ocasión en que la FIFA sanciona a México por el grito de su afición. La FMF ha purgado castigos similares. El grito prohibido ya había provocado, en septiembre de 2021, que jugáramos un partido sin público. Experiencias como esta llevaron a la FMF a tomar todo tipo medidas para que no se emitiera —o al menos no se escuchara— aquella expresión durante los partidos. Si bien estas precauciones comenzaron en los encuentros de la Liga MX, los intentos no se detuvieron ahí. Hemos transitado desde avisos en el sonido local, posibilidad de expulsión del recinto, multas, partidos a puerta cerrada, hasta la débil campaña #WhatsWrongIsWrong implementada por la CONCACAF en 2017. El último y desesperado acto de la FMF: sustituir el nombre del torneo Apertura 2021 por Grita México Apertura 2021. Un batazo al aire.

Que la FMF crea que podrá provocar —gracias a la campaña Grita México— que la afición grite México en lugar de puto, solo es muestra de un muy mal diagnóstico por parte de la Federación y de su profunda desconexión con quienes se sientan en las gradas. El grito prohibido no busca festejar, no está alentando a nadie, está retando, desafiando (incluso lo ha utilizado la afición para castigar un mal partido de su propio equipo). Y es que la elección de la palabra puto por la afición mexicana es todo menos aleatoria. Refleja exactamente lo que los seguidores del Tri quieren transmitirle al portero contrario: eres un cobarde, un pusilánime.

Se cuenta que el grito prohibido nació en México, en el Estadio Jalisco, en la barra del Atlas. El objetivo era hacerle saber al traidor —Oswaldo Sánchez— que no olvidaban que iba regresando de jugar con el América. Con el tiempo la práctica se fue generalizando, para el momento en que se nombraba a la alineación del contrincante y hasta el uso actual que todos conocemos. Sin poder fingir sorpresa por la asimilación entre los términos puto y cobarde, veamos cómo, en su origen, el grito no quería (ni ahora quiere) decir aquello que la FIFA quiere oír.

La sanción ignora la naturaleza del futbol como deporte confrontativo. El espíritu de rivalidad es —y no creo estar exagerando— parte de la naturaleza propia del juego. Necesito odiar al Puebla por aquel día en que triunfó sobre el Atlas. Mi antipatía contra el Real Madrid es directamente proporcional a mi lealtad al Atleti. Así es como funciona. Si empezamos a castigar todas las conductas por su aparente tendencia a la materialización de la violencia, terminaremos con el futbol. Y con muchos otros deportes. Terminaremos por convertir todo evento deportivo en una conferencia de paz de las Naciones Unidas.

La FIFA también ha señalado que el grito prohibido busca excluir a la comunidad LGBTIQ+ del juego. Se afirma —sin mayor fundamento— que existe una relación directa entre el uso de la palabra con la negación para que miembros de la comunidad LGBTIQ+ se integren al deporte. Invito a contrastar esta información con el apoyo mostrado por la comunidad internacional hace un par de semanas a Josh Cavallo, jugador del Adelaide United, al anunciar públicamente su homosexualidad. ¿Realmente alguien que grita puto en el estadio cree que los miembros de la comunidad no caben ahí? Un análisis simplista. ¿Los miembros de la comunidad se sienten excluidos por esa razón? ¿Libertarios buscando restringir?

Una observación adicional sobre la sanción, esta vez para que tengamos claros sus alcances. Los partidarios de castigar por gritar puto mezclan dos momentos diferentes: confunden al huevo con la gallina, el problema con el síntoma. La FIFA cree (¿sí lo cree?) que mediante la sanción impuesta a la afición, le estará enseñando algo. Dejará de ser ¿homófoba? ¿machista? ¿violenta? Hablemos claro: esta infracción no va a sustituir la educación inclusiva que deberían recibir los gobernados ni va a mejorar nuestra respuesta como sociedad ante la diversidad. Si vamos a insistir con este tipo de sanciones, al menos no finjamos que son soluciones exhaustivas. No lo son.

En fin. Quien diga que el futbol es machista porque gritamos puto no merece un premio Nobel. Lo sabíamos. El futbol es, entre muchas otras cosas, reflejo de lo que somos. Manifiesta nuestras costumbres, dolencias y virtudes. Gritar puto es, en todo caso, síntoma y no (solo) problema. Si ese es nuestro diagnóstico, está incompleto —por no decir errado—. Aquí cierro con una obviedad: las cosas no pueden ser algo que no son. El futbol no puede ser fin cuando es solo un medio. Usemos al futbol como lo que es: un faro que nos dice cómo vamos, qué nos duele, no como un medio de represión e hipocresía.

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