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Columna - Análisis
Foto: Daniel Augusto/Cuartoscuro.com
6 Abril 2022 / Por César Morales Oyarvide

Las incógnitas de una consulta "previsible"

A pocos días de que se lleve a cabo la primera consulta de revocación de mandato a un presidente en México, una idea se ha instalado como inquietud entre quienes ven este ejercicio con escepticismo: una consulta de previsible no sirve para nada. Mi intención en este texto es doble. Primero, señalar las varias incógnitas que prevalecen en torno al 10 de abril, que no son pocas ni menores. Después, hacer una defensa de la utilidad de la consulta, así tenga un resultado “cantado” de antemano.

La propuesta de contar con un instrumento que permita interrumpir pacíficamente el mandato de un gobierno que no cuenta con el favor popular no es exclusiva de nuestro país. Tampoco es un invento reciente. Sin embargo, la concreción en México de este derecho que fue utopía ha sido singular. De los distintos escenarios de la consulta del próximo domingo, realmente sólo uno es probable: que gane la opción de ratificar al presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) para que concluya su mandato, aunque sin alcanzar el umbral 40% de la lista nominal establecido para que el resultado sea vinculante.

Ahora bien, ¿significa eso que no hay incógnitas en torno a la consulta? En absoluto.

Primera incógnita: la participación

Si bien parece un hecho que el 10 de abril ganara el “siga”, queda por ver cuáles son los números de esa victoria. ¿Qué tanto podrá movilizar el obradorismo a sus bases y simpatizantes? ¿Cuál será el nivel de participación?

Durante su gestión como Jefe de Gobierno, AMLO se sometió a dos ejercicios revocatorios. El resultado fue un triunfo abrumador de la ratificación, que llegó a alcanzar 95% de los votantes, aunque con una participación modesta, de entre 7% y 10%. ¿Cómo podría interpretarse un resultado similar en la consulta del domingo?  Se trataría de un éxito, sin duda, pero difícil de capitalizar como un refrendo de la confianza del pueblo en su dirigente.

Más allá de razones exógenas —empezando por las deficiencias en la difusión y organización de la consulta— una participación escasa mostraría dos problemas serios del obradorismo en el gobierno. El primero es el de la “narrativa” (o como prefiero llamarle, el de la épica). Una de las razones por las el obradorismo y sus simpatizantes pueden no salir con entusiasmo a las urnas es porque muchos de quienes apoyan al presidente no sienten que haya mucho en juego el próximo domingo. El problema de la revocación es que no tiene un adversario definido. No hay una víctima qué defender, una injusticia que corregir, o un peligro qué exorcizar. La oposición está tan desdibujada que quienes promueven la consulta desde una posición afín al gobierno han tenido que echar mano a la idea de la “mafia del poder”, resucitando antiguos adversarios y engrandeciendo a otros tantos.

La falta de épica en la narrativa de un proyecto populista no es un asunto menor. Tampoco lo es su capacidad de movilización. Desde la simpatía crítica, Hernán Gómez Bruera ha propuesto pensar el obradorismo como un “populismo de baja intensidad”: un movimiento en el que el pueblo es un referente continuo y un proyecto de gobierno que pugna por incluir en la comunidad política a millones de mexicanos excluidos por el neoliberalismo. Sin embargo, a diferencia de otros populismos de izquierda, el obradorismo no dependería de una movilización popular permanente, sino puntual y acotada. Aquí hay un dilema político tan viejo como la vida: un pueblo combativo y organizado es difícil de controlar, pero de gran ayuda en momentos extraordinarios; un apoyo de forma más pasiva vuelve más sencilla la acción de gobierno, pero dificulta las grandes gestas.

Un resultado desangelado en la consulta revocatoria (similar al del año pasado en la consulta sobre expresidentes) sería muestra de los límites de optar por la segunda de estas opciones dentro de la 4T.

Segunda incógnita: la (re)configuración de la coalición gobernante

El segundo problema del obradorismo de cara a la consulta es el de la organización. Puede sonar paradójico, pero la consulta sobre la continuidad o no del presidente del domingo no va a ser la última elección en que López Obrador esté en la boleta, sino quizá la primera en la que realmente se pondrá a prueba la capacidad del obradorismo para ganar sin López Obrador.

Si hay un espacio en donde existe incertidumbre en torno a los resultados del 10 de abril es entre aquellos políticos que están fungiendo como promotores (oficiales o no) de la revocación dentro de la 4T. Luego de unas elecciones intermedias de resultados ambiguos y una consulta sobre expresidentes de éxito más bien modesto, el 10 de abril va a ser una prueba para demostrar el valor (o no) de estos personajes como operadores. Me refiero a los y las gobernadoras, pero también a los legisladores y funcionarios que han pedido licencia para promover la consulta. Habrá quien quiera sumar puntos, pero muchos de ellos buscan redimirse luego de sufrir derrotas. Para algunos es, incluso, un turno al bate después de dos strikes. Es el caso, por ejemplo, de la dirigente de la asociación “Que siga la democracia”, que puso el grueso de las firmas para la revocatoria y hoy es su principal difusora.

De nuevo, no es un asunto menor. El movimiento encabezado por López Obrador ha tenido siempre una relación problemática con la “técnica, pero nadie duda de sus fortalezas en materia de organización. Tengo la certeza de que entre quienes hoy se presentan como operadores políticos dentro de la 4T hay gente profesional, eficaz y experimentada. Sin embargo, sospecho que también hay quienes sufren de una especie de “delirio de competencia”: la creencia que te hace pensar que el resultado positivo de un evento es consecuencia de tu buen hacer, cuando en realidad es obra de un factor externo. Un trastorno común entre economistas neoliberales que puede haber aparecido también dentro del obradorismo en aquellos operadores que creen que el triunfo de 2018 fue resultado de su pericia y no de la “fuerza moral” del presidente.

El próximo domingo estos políticos se juegan mucho. Su rendimiento afectará las posiciones de piezas mayores en el tablero obradorista. ¿En qué medida? Ahí está la incertidumbre.

Tercera incógnita: el papel de la oposición

Dejo en tercer lugar a la oposición, que de ser la protagonista natural de la revocación se ha convertido en “convidado de piedra” en la consulta.  Entre los críticos de la 4T hay una certeza: van a perder. La incógnita es de qué forma eligen hacerlo y cómo afectará eso a su causa.

Las opciones de la oposición siempre han sido dos: perder por default, eligiendo no participar en la consulta, o hacerlo intentando movilizar a la minoría que no está con el presidente. Llama la atención que sean los partidos que intentaron encuadrar las elecciones de 2021 como una pugna entre democracia y el autoritarismo quienes hoy tratan de boicotear un instrumento democrático aprobado en el Congreso. Por el contrario, son los sectores más ultras de la oposición (pienso en Gilberto Lozano y FRENA) quienes han decidido canalizar su descontento a través de instituciones. ¿Qué dice de la oposición que quienes han llegado a “bromear” con la muerte del presidente hoy actúen como demócratas más coherentes que el PRI, PAN y PRD? Desde luego, nada bueno.

En la oposición hay quienes rechazan la revocación sin más, argumentando que es un preámbulo de la reelección. Semejante necedad no merece comentario. Hay otros cuya crítica a la consulta parte de la idea de que esta “no fue propuesta por los ciudadanos”. Fuera de cuestiones tácticas y politiquería, estos posicionamientos muestran la persistencia del uso de términos como “sociedad civil” y “ciudadanía” como marcadores de clase. Para un sector de la oposición, el ser ciudadano no es una condición que nos iguala a todos, sino que distingue a un sector muy específico de la población: quienes no militan en ningún partido, quienes no reciben programas sociales, etc. Se trata de una caricatura, pero que tiene detrás dos grandes lastres de nuestra vida pública: la nostalgia de una sociedad estamental que parece estar a un paso de exigir la vuelta al sufragio censitario y la idea de que, para ser ciudadano, hay que estar cercenado de toda forma de colectividad.

Desde la oposición, optar por “hacerle el vacío” a la consulta del domingo significará haber perdido una oportunidad única para movilizar a los suyos. Se ha dicho que promover la abstención el 10 de abril es una forma de emular lo que pasó con López Portillo, cuando fue candidato único a la presidencia. En una de esas la comparación es cierta, aunque no por las razones que esperan. En 1976, el PAN no logró presentar candidato porque ninguno de sus aspirantes obtuvo suficiente apoyo en la elección interna. Más que un gesto gallardo, el llamado a la abstención es prueba de la descomposición de la oposición y su falta de proyecto.

La utilidad de una consulta previsible

Suele hablarse de la falta de incertidumbre en la consulta de revocación como un hecho negativo. Creo que hay razones para pensar que este juicio es prematuro. Lo extraordinario del primer ejercicio de revocación de mandato en México es que su implementación no ocurre en un contexto de crisis, sino de normalidad. Mi opinión es que esa circunstancia podría ser la que posibilite la entrada de ese instrumento a nuestra democracia de la forma menos traumática posible.

La revocación es una herramienta que nos permite regular el tempo político de un presidencialismo que en ocasiones resulta demasiado rígido. Un antídoto contra los gobiernos zombies. Lo explicó bien Juan Francisco Escamilla: como todos los instrumentos democráticos, la aplicación de la revocación no depende sólo de modificaciones legales siempre mejorables, sino de un proceso de aprendizaje cívico y apropiación popular. Y la única forma de apropiarse de los derechos es ejercerlos.

Un contexto de bajo riesgo como el actual puede allanar el camino para que esta herramienta pueda seguir siendo usada en momentos de incertidumbre y brinde salida institucional a crisis políticas profundas. En este sentido, la consulta del próximo domingo es un primer paso, cauto y quizá rudimentario, pero que deja un precedente fundamental para el futuro.

¿El presidente puede utilizar la revocación en su beneficio? Sería difícil negarlo. Ahora bien, ¿puede imaginarse un escenario alternativo en el que un mandatario sin el arraigo y la voluntad de AMLO impulse este instrumento, como hizo él desde hace décadas, hasta convertirlo en un derecho constitucional? No lo creo.

Parece que cuesta admitirlo, pero es gracias al momento político actual que la revocación de mandato es realidad más allá de la letra. Contar con ese instrumento es una promesa cumplida, pero también es una “externalidad positiva” (perdonen el neoliberal) de la popularidad del propio AMLO. Ambas cosas son inseparables.

Dependerá de nosotros —aliados o críticos de la 4T— que esta herramienta no quede atada a un solo hombre. Que sea un legado colectivo e irreversible para nuestra democracia.

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